El Jardín Gaultier se convierte en un reino lujoso, donde el deseo se vuelve tesoro. Todo brilla. Todo atrae. Todo obsesiona. Las flores resplandecen como joyas. Las hojas centellean con piedras preciosas. Los cuerpos capturan la luz… y las miradas.
En este Edén contemporáneo, la atracción circula libremente. En el centro, Le Beau Narcisse (para él) y La Belle Rosea (para ella) se encuentran. Se hechizan. Se confunden.